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Sebastián Blanco - Magnanni

El distinguido craftsmanship de Magnanni
5 abril 2010
Medio siglo de artesanía en calzado masculino avala el savoir faire de la familia Blanco, cuya tercera generación encara la renovación de Magnanni, un referente de excelencia que hace ahora su primera incursión en los zapatos para mujer.
Desde Almansa (Albacete) sede de la firma, su actual gerente, Sebastián Blanco, nos relata las novedades y planes para 2010 de una firma con una vertiginosa tasa de exportación (90%) y que cuenta con una filial en Estados Unidos.
Magnanni lleva meses de gira por los principales grandes almacenes del mundo con sus "talleres efímeros", ¿cómo ha sido recibida esta iniciativa en un momento en el que el componente artesanal vale su precio en oro?
El proyecto nace como una forma de acentuar nuestra estrategia de producto, ofreciendo al cliente la posibilidad de solicitar acabados personalizados. En Magnanni trabajamos mucho la terminación del zapato, ahora que hay tanto producto estándar en el mercado. Esto se ha hecho desde los inicios en la empresa, pero que se ha ido mejorando y ahora le hemos dado más énfasis. Es una forma de visualizar esta forma de trabajar, de presentarla el cliente en el mismo centro de las tiendas y de transmitir una imagen de exclusividad. Con los talleres hemos estado en los centros de nuestros clientes más importantes, principalmente en Estados Unidos, Japón y Europa (España, Reino Unido y Alemania). En breve estaremos en Harvey Nichols (Londres).
En un entorno económico complicado, algunos lanzan segundas líneas más asequibles, y Magnanni hace una apuesta premium...
La crisis quizá haya sido el detonante, pero en la industria de la moda llevamos prácticamente 10-12 años arrastrando nuestra crisis particular, porque han entrado en juego actores extraordinarios, como los fabricantes chinos y las grandes compañías con estructuras verticales. Apostar por la más alta calidad, el precio más elevado y la mayor exclusividad era un camino que había que recorrer, y hemos elegido ir en esa dirección. A mi padre le gusta decir que un milímetro en un zapato es muy importante. Esa cultura ha existido siempre en Magnanni, lo que ocurre es que estratégicamente en los últimos 10-15 años acentuamos esa dirección.
"El del zapato clásico es un mundo donde no podemos crear una revolución, pero es posible distinguirse con pequeños detalles que aporten un toque de diferenciación"
Estados Unidos es clave para Magnanni, ¿cuál es su estructura en este mercado?
Contamos con una filial en Ohio que es una compañía independiente cuyo capital es totalmente nuestro. Funciona como plataforma de servicio y de distribución. Para establecerse en el mercado estadounidense es muy importante ofrecer servicio logístico. Cuando venden un número de pares, tienen que obtener un surtido rápido, y eso hay que hacerlo desde almacenes situados en el país.
Algunos mercados son más abiertos al riesgo en moda y calzado para el hombre, ¿hay líneas desarrolladas exclusivamente para un país?
Una parte de la colección tiene distribución global, pero hay un porcentaje importante que se dedica en exclusiva a cada mercado. Es absolutamente necesario para cubrir la demanda del cliente. En Estados Unidos el gusto es más clásico, y hacemos una línea exclusiva. En Europa, sobre todo en la zona de los Países Bajos, para el mismo zapato clásico buscan un producto con un toque avanzado. En Alemania son mucho más conservadores y quieren un zapato recio y fuerte. En los países árabes necesitan confort, ya que debido a los rezos tienen que quitarse los zapatos continuamente y buscan mocasines o diseños sin cordones. El clima también influye, y para Rusia hay que desarrollar productos que no sufran demasiado desgaste. Las botas tienen suelos especiales para el frío.
¿Cuál sería el best seller de Magnanni?
Sería un zapato con una horma clásica pero contemporánea – con una punta no tradicional, sino algo más alargada y estilizada-, fabricado en piel de becerro italiana terminada a mano. Prácticamente todos nuestros clientes quieren una representación de este producto. En cuanto a modelos, el clásico sería el inglés de puntera recta.
Su tasa de exportación alcanza el 90%, ¿cuál ha sido su estrategia de internacionalización?
Desde hace años hemos apostado por hacer el mundo un poco más pequeño. Nos dimos cuenta de que, si desarrollábamos un producto más exclusivo, las cuotas de mercado por país se reducían. Solamente en España no podíamos conseguir las ventas que necesitábamos para alcanzar objetivos y cuadrar el presupuesto. La lógica nos decía que teníamos que intentar estar en prácticamente todos los países. En nuestro sector, la internacionalización ha existido prácticamente desde el principio. Pero la acentuación fuerte de empezó en 1994-95.
En calzado masculino, ¿hasta dónde se puede innovar sin caer en la excentricidad?
El del zapato clásico es un mundo donde no podemos crear una revolución. Podemos distinguirnos en pequeños detalles o matices que en su conjunto aporten un toque de diferenciación. Profundizamos en los materiales tradicionales y buscamos la manera de transmitir una emoción distinta cada vez que hacemos una colección. Hay un plus de atractivo, de carácter, y se consigue estando muy familiarizado con el mercado, trabajando mucho en las terminaciones.
¿Cómo es el hombre Magnanni?
Aunque llegamos a un grupo amplio de clientes, podemos hablar de un profesional liberal que tiene buen gusto, un interés especial por cuidar su imagen y que sobre todo está atento al detalle. En su forma de ser y su espíritu sabe apreciar esos pequeños matices que ponemos en los zapatos. Llevamos 50 años fabricando un tipo de zapato, y por tanto ofrecemos calidad y exclusividad, un trabajo muy manual y artesano con espíritu contemporáneo. Fabricamos zapatos que llevan las esencias de un producto clásico, pero que a la vez son actuales.
En las últimas temporadas el calzado de hombre se ha hecho un hueco en el armario femenino, ¿se plantean ampliar la línea de producto en ese sentido?
Sí, de hecho en la colección otoño-invierno 2010-11 hay una línea de botas de señora. Algunos países, como Holanda y Alemania, lo demandaban desde hace tiempo. Una bota de señora es el producto perfecto para lucir nuestras principales armas, ya que la principal característica de Magnanni son las terminaciones artesanales, el ser capaces de darle una personalidad especial a una piel que inicialmente no tiene nada. Comenzamos -como experimento- el invierno pasado, y para el próximo otoño/invierno 2010 hemos desarrollado una colección de seis líneas de botas de señora en las que hacemos una exhibición de nuestras terminaciones. También hemos realizado otra línea de zapato de caballero llevado a señora. Nos lo pidió KaDeWe de Berlín. La hemos desarrollado y la han pedido algunos clientes.
"Una bota de señora es el producto perfecto para lucir nuestras principales armas"
¿Cómo se traslada el universo Magnanni a una bota de mujer?
Son botas de caña alta de líneas muy limpias. Entendíamos que la sencillez de la línea era fundamental. Ofrecemos distintos tipos de horma y varias alturas de tacón y puntas, en una gama que va desde la bota de montar hasta una más elegante. Tiene nuestras terminaciones, ese envejecido que le damos, el doble tono y los tornasolados... La imagen de piel es espectacular.
¿Cómo se consiguen esos colores tan trabajados que son santo y seña de Magnanni?
Trabajamos con piel de becerro pequeño italiano o francés y los colores los hacemos nosotros. Es un trabajo casi de alquimista, mezclando muchos tonos.
Emplean la tecnología de la construcción Bolonia, que es patrimonio de las firmas más exclusivas, ¿qué aporta este sistema al zapato Magnanni?
Aporta flexibilidad al zapato y lo hace más cómodo. Pensemos que el producto clásico siempre ha tenido fama de ser duro y poco confortable. Todos los zapatos llevan en su interior una especie de planta interior asociada con la suela que normalmente sólo

Calzados Garrido - desde 1932

Calzados Garrido abrió sus puertas al público en 1932. Don Celestino Garrido fue el fundador de la zapatería, sucediéndole Don Jose Garrido.
En la actualidad está al frente del negocio Javier Garrido, la tercera generación. No quedan zapaterías en Oviedo con tanta solera como la nuestra y nos enorgullecemos de ello.

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